Mi vida se deslizaba hacía la tormenta, exponiéndome al chaparrón, iba a zancadas hacía lo contradictorio, casi todo lo que hacía me aislaba de ellos, me alejaba de mí. El día sin ellos es muy arduo, necesitaba sentir ojos expectantes, movimientos hermosos. También toda la adrenalina y desenlace que tiene sentir tanta preledicción hacía ellos. Eclipsaban el corazón, me traían de vuelta cuando derribaba mis principios, ya de por sí escasos. Siempre me impresionaron, me facilitaron momentos que contaré durante años, me prestaron su libertad para jugármela junto al viento A cada despedida nos atormentábamos, asustados por lo que acabábamos de hacer.
Con ellos no merece la pena morir, pero si esperar, gracias por hacerme sonreír en la mañana y convertir en algo menos amargo mi despertar.! Os guardo un enorme gracias en mi corazón.
sábado, 31 de marzo de 2012
Jóvenes, salvajes y libres.
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